Fustas

Azotadores y fustas

El BDSM ha ido ganando más y más adeptos en los últimos años. Y es que estas prácticas que se ubican en el límite sutil entre el placer y el dolor, resultan sumamente excitantes. Ya sólo hablar de ello nos hace entrar en calor. Con un surtido de accesorios que invitan a probar, una sesión de castigo puede devenir en uno de los encuentros más placenteros que podamos tener con fustas.

Ejercer el dominio absoluto sobre la otra persona, siempre que sea previamente consensuado, es uno de los juegos sexuales con los que, en mayor o en menor medida, todos hemos fantaseado alguna vez. Prácticas como el spanking, se han popularizado gracias a la aparición del libro (y posterior película) 50 Sombras de Grey, aunque la realidad es que es una práctica muy común desde siempre. ¿Quién no ha dado o recibido una nalgada alguna vez, durante una de esas sesiones non-stop con nuestra pareja? Unas nalgadas durante el coito resultan un poderoso estimulante, la excitación que nos genera puede acercarnos vertiginosamente al orgasmo.

Tal vez algunos de los accesorios de BDSM puedan resultar, en un principio, más intimidantes que una simple nalgada. Ten en cuenta que fustas y azotadores tienen una fuerte presencia. Sin embargo, una vez que se experimenta con ellos por primera vez, no hay forma de que no busquemos reincidir.

Estos accesorios resultan el complemento perfecto para las prácticas sexuales de dominación. A veces basta con el sólo chasquido de un azotador contra la palma de la mano para que, quien se encuentra en el rol de sometido, se estremezca de pies a cabeza. Se trata de un doble juego de excitación, puesto que quien empuña la fusta o el azotador también goza enormemente.

Ahora bien, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de azotador?

Un azotador se compone principalmente de un mango alargado, rígido, y un cuerpo con varias tiras de cuero. Esto puede variar, claro está, actualmente existen muchos modelos diferentes, hechos de materiales más o menos livianos. Sin embargo, todos cumplen la misma función: poder azotar a nuestra pareja, generalmente en las nalgas o los pechos, para jugar a castigarla. Debido a su peso y tamaño pequeños, son muy fáciles de maniobrar.

Las fustas, en cambio, se componen de un único elemento delgado y rígido que termina en un rectángulo de cuero o plástico con el cual se azota. La fusta permite un control mayor que el azotador, y su sonido característico, sea contra cualquier superficie o contra el cuerpo de nuestro partenaire, tiene un efecto increíble.

Recuerda siempre que para este tipo de prácticas debe haber una total aceptación de ambos miembros de la pareja. Siempre es conveniente elegir una palabra clave, en caso de que alguno de los dos no se sienta del todo cómodo.

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